domingo, 20 de febrero de 2011

La devolución del favor

Frente a mis ojos se alzaban las botas metálicas de una armadura negra. Los brillos acerados bailaban al ritmo de la hoguera que había encendido algunas horas antes. Alcé la cabeza tanto como me permitió la tierra que aprisionaba mi cuerpo y vi su rostro: una mujer de cabellos plateados era la que ahora vestía mi traje de guerra. La bruja, al fin, se había apoderado de mi ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario