viernes, 12 de noviembre de 2010

Amanecer

La luz perlada del amanecer se tiende sobre la cama junto a ella, despertándola con su cálida caricia. Las sábanas, que resultan ásperas en contacto con la piel sensibilizada tras largas horas de sueño, cubren su cuerpo casi inmóvil. La respiración aún tranquila de ella es la única sinfonía que acompaña la escena de una película que se repite cada mañana. A través de los párpados entrecerrados se cuelan formas difusas que poco a poco se perfilan en formas de objetos conocidos. 

"El dulce despertar" piensa mientras vuelve a meter la cabeza entre las finas sábanas y respira profundamente. El olor del perfume de la noche anterior le trae recuerdos de alegría fingida. En su mente dulcemente realentizada se repiten imágenes que no pretende recordar, pero que se van filtrando poco a poco en su memoria. Y mientras su respiración se acelera un poco más, las nieblas del sueño se deshacen y descubren el rostro del nuevo día.

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