viernes, 1 de octubre de 2010

No, gracias

Escribí este relato corto sobre la marcha en www.forodeliteratura.com como parte de un juego literario (el juego era incluir la expresión "No, gracias", de ahí el nombre del relato), pero la verdad es que me ha gustado cómo quedó y por eso lo cuelo aquí también. Espero que lo disfrutéis.

No, gracias

En los últimos días se respiraba en la ciudad un ambiente muy extraño, como grisáceo. La gente se comportaba de forma si cabe más rara de lo habitual: el café de por la mañana, que solía tomarse entre bostezos, risas y bromas, se había convertido en un mero ritual, casi realizado por obligación y de mala gana. Ya nadie hablaba en los descansos, las vecinas no se cuchicheaban las últimas noticias del vecindario, los niños en los colegios ya no jaleaban al jugar, incluso los coches parecían haberse silenciado, como pidiendo perdón por su torpeza al intentar callar.
Este silencio sólo era roto de vez en cuando, si el que lo rompía lo consideraba estrictamente necesario, y siempre con una mueca a medio camino entre el disgusto y la vergüenza, como intuyendo que eso no era lo que se debía hacer.
Había personas que ya no se acordaban de su propia voz, cada vez más, y toda aquella actividad que necesitara de sonidos para hacerse, se había sumido en un tabú tan radical como inmediato.

El genio le mostró todo esto a su amo en una neblina mágica. El muchacho miraba atentamente la visión que se le brindaba, admirándose por cuán grandioso deseo había pedido.
El etéreo ser, que había mirado horrorizado la nube durante un rato sin poder hablar, se giró hacia su satisfecho señor, y, le dirigió una mirada suplicante que decía:

- Amo, ese silencio es antinatural, ¿seguro que no querría echarse atrás?

- No, gracias. - Respondía la sonrisa torcida del chico sordomudo.

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